BOTADERO DOÑA JUANA

EL LUGAR DONDE LAS BASURAS DE LA CAPITAL SE PROCESAN

A principios del Siglo XX, el municipio de Cundinamarca se encargó de las basuras del Distrito Capital y la mejor forma que encontró para deshacerse de ellas fue incinerarlas en hornos crematorios, pues de esa manera la ciudad estaba limpia y no había riesgo de enfermedades. En la década de los 50, las autoridades de Bogotá pensaron que había que aprovechar estos desechos como abono para los cultivos.

Aunque exitoso en un comienzo, la desorganización y la falta de planeación no permitieron que este modelo continuara. Las basuras, entonces, empezaron a ser recolectadas y llevadas hasta botaderos ubicados en diferentes puntos de la ciudad, especialmente en la zona sur.

Tras el fracaso de las primeras alternativas de disposición, en 1984 la Corporación Autónoma Regional (CAR) contrató un estudio y decidió que Doña Juana, un terreno montañoso de 600 hectáreas, era el lugar más indicado para albergar las basuras de toda la ciudad.

Frank Molano, profesor de Historia de la Universidad Distrital y quien ha investigado el manejo de las basuras en Bogotá en los últimos 80 años, cree que el Relleno fue pensado como una innovación tecnológica y terminó convertido en un 'Frankenstein' y agrega que no ha sido replanteado, pues "es el modelo más rápido y económico con el que cuentan las administraciones".

“La gente lleva 30 años oliendo fetidez, lleno de moscas y de ratas y no ha habido solución de fondo al manejo de basuras. Esto es una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar”, asegura Molano.

En Bogotá cada día se producen 6.500 toneladas de residuos (dato tomado en el año 2018 por la Universidad del Rosario), que son recogidos por los camiones de basura y después son llevados hasta Doña Juana, para ser enterrados varios metros bajo tierra. Además, el Relleno cuenta con una planta que trata los lixiviados (líquidos que produce la basura), de manera que después puedan ser vertidos al río Tunjuelo.

En 2022, la licencia ambiental del relleno Doña Juana se vence y se tendría que clausurar. Sin embargo, el plan de la administración del ex alcalde Peñalosa, era comprar más terrenos y prolongar su existencia por varios años más.

Para el año 2019, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, basó su propuesta de ampliación del Relleno en los estudios de la Universidad Nacional y del Banco Mundial, que indican que no existe en Bogotá otro sitio que pueda sustituir a Doña Juana y que se puede seguir operando técnicamente, considerando su próxima clausura en menos de 2 años.

Cristian Díaz, experto ambientalista y docente de la Universidad Central, ha seguido de cerca los daños ambientales que le ha causado Doña Juana a Bogotá y a sus habitantes. Entre ellos, enumera emisiones de gases de efecto invernadero, generación de moscas y roedores, lixiviados vertidos en ríos, fuertes olores y la destrucción de suelos fértiles.

La intención de aumentar la vida útil de Doña Juana la califica como "una idea descabellada", pues representa un gran problema ambiental hacia el futuro. Además, insiste en que la única salida para revertir esta situación son las nuevas tecnologías, aplicadas desde hace varios años en países desarrollados y emergentes, con las que se pueden aprovechar las basuras y generar recursos energéticos.

Más de 100.000 familias de los barrios Chuniza, Monteblanco y La Aurora, en Usme, y Mochuelo Alto y Bajo, en Ciudad Bolívar, han tenido que soportar durante tres décadas los malos olores, las enfermedades y los problemas sanitarios. Sin embargo, hoy su lucha es otra: los derrumbes, la contaminación del río Tunjuelo con los lixiviados y las plagas que los enferman, según ellos, debido a la mala disposición de los residuos (universidad del Rosario 2018).

Actualmente se generan cerca de 7.500 toneladas diarias por parte de casi 9 millones de personas en la ciudad y siete (7) municipios aledaños, lo cual reduce significativamente la vida útil del botadero, generando las problemáticas ocurridas la última semana, donde se generó un derrumbe de cerca de 80.000 toneladas, es el resultado de una tardía planeación y acción por parte de cada uno de los gobiernos que han pasado por la administración de Bogotá, ya que a pesar de que el botadero Doña Juana es la única alternativa que tiene Bogotá para las 7.500 toneladas de basura que se generan a diario y la posibilidad de expandir o crear una nueva alternativa para el tratamiento y disposición final de los residuos generados por la ciudad, se ve frenada por la falta de espacios o tecnologías que permitan realizar una mejor gestión y aprovechamiento de los residuos sólidos y la falta de aprovechamiento de los residuos, el cual se encuentra en apenas el 15% del total producido y que saturan el relleno, afectando la estabilidad el mismo y propagando vectores como mosquitos, moscas, roedores entre otros animales que ponen en riesgo la salud humana.

Para sustituir el modelo de disposición de las basuras, parece hacer falta algo más que voluntad de parte de las administraciones y las entidades gubernamentales: según los expertos, se requiere una mejora considerable en las tarifas de aseo, la planeación de una nueva política ambiental en la que se apueste por las nuevas formas de aprovechamiento de las basuras y alternativas reales que mejoren las condiciones de vida de quienes están siendo perjudicados con la operación del Relleno.