ENERGÍA NUEVA PARA LOS VEHÍCULOS ELÉCTRICOS

Casi todos los fabricantes de autos tienen modelos para este mercado que, a pesar de que crece con rapidez, aún necesita resolver problemas de infraestructura, como las redes de estaciones de carga, entre otros desafíos.

Tesla anunció recientemente que se prepara para fabricar camiones 100% eléctricos y, al menos hasta un punto, con capacidades de conducción autónoma.

Para ser justos, el anuncio no es ni el primero de su tipo ni parece estar más cerca de llegar a la meta de la conducción eléctrica para vehículos de carga. Daimler entregó su propio camión eléctrico a UPS en septiembre de este año (además de realizar una demostración de su funcionamiento). Y en este mercado compiten compañías de vieja data en el sector automotriz, como Volkswagen, y empresas más recientes, como Nikola, Cummins, Otto y Embark, que ya está transportando refrigeradores para un fabricante en Estados Unidos.

El anuncio de Tesla resalta la competencia de un sector que puede ser altamente lucrativo, por un lado, pero que también entra en tensión con otras fuerzas del mercado, como el empleo y la subsistencia, en últimas, de la industria del motor de combustión como la conocemos.

De acuerdo con cifras del banco de inversión Bernstein, la automatización de los vehículos de carga podría llevar a ahorros de US$300.000 millones sólo en mano de obra. Esta es otra forma de decir que miles de trabajos podrían perderse en el modelo tradicional de la industria de carga con la entrada de vehículos autónomos.

Pero, más allá de estas consideraciones (que no son menores), la viabilidad de los vehículos eléctricos parece determinada, en buena parte, por dos factores: la duración de las baterías (su autonomía) y las posibilidades de recarga en cualquier parte y en un corto tiempo.

El mundo de las baterías se encuentra en una fase de febril expansión, si se quiere. Desde investigación de nuevas aleaciones y técnicas (como baterías de estado sólido de iones de litio) hasta la demanda de los metales que las componen. En lo que va del año, el cobalto ha subido más de 70 % en la Bolsa de Metales de Londres, mientras que el cobre lo ha hecho en un 14 %.

Pero la fabricación de baterías, en la que la propia Tesla ha invertido más de US$2.000 millones, es apenas parte de la ecuación. Luego del anuncio de la compañía, dirigida por Elon Musk, varios analistas cuestionaron la viabilidad de una red de camiones eléctricos sin el apoyo necesario de las estaciones de carga. Según Musk, su flota de vehículos de carga tendrá estaciones en las que recargará un rango de más de 600 kilómetros en 30 minutos.

La suerte de frenesí alrededor de las baterías y los carros eléctricos tiene a grandes jugadores del mercado de los combustibles fósiles, como Glencore, mirando con interés un mundo que apenas hace algunos años podría parecer un antónimo del núcleo de sus negocios.

Algo similar sucede con otras compañías, como la multinacional brasileña Tivit, que estaría interesada en entrar a formar parte de este mercado.

Esta compañía es uno de los pesos pesados en servicios integrados de tecnología en el continente y, sólo en Colombia, ofrece productos y soporte para las operaciones críticas de compañías como Ecopetrol, por ejemplo. En la actualidad trabaja en el desarrollo de un modelo de estación de carga para autos eléctricos, de la mano de uno de los operadores líderes en el mercado de distribución de energía.

La exploración del mundo de los vehículos eléctricos se da gracias a las oportunidades de crecimiento de una tecnología que parece estar llamada a redefinir la movilidad urbana a nivel global.

Justo la semana pasada, el Grupo Éxito anunció, durante el lanzamiento de Carulla Fresh Market, una alianza con el Grupo Enel y Car B para ofrecer la posibilidad de alquilar y recargar autos eléctricos en puntos del supermercado.

De acuerdo con la rama de consultoría de energía de Bloomberg, las estaciones de carga son el mayor reto para la expansión de los autos eléctricos en cualquier mercado: “El desarrollo y la innovación en baterías tienen que ir apoyados por un despliegue sostenible y a escala de los medios para recargar los vehículos. La falta de infraestructura puede atrasar considerablemente el despliegue de esta tecnología”.

En 2016 se vendieron 750.000 carros eléctricos en el mundo, de acuerdo con cifras de la Agencia Internacional de Energía. La demanda por este tipo de vehículos se triplicó en los pasados tres años y se estima que hay dos millones de estos carros rodando actualmente.

No es un número muy grande, aunque también da cuenta de un espacio enorme de crecimiento: la Agencia estima que el número de vehículos eléctricos podría llegar a 20 millones para 2020 y a 70 millones en 2025.

Llegar a estas cifras requerirá de una suerte de cambio del modelo de conducción, por un lado, así como una movida industrial masiva que garantice mejores y más baterías, redes de estaciones de carga y producción de energía suficiente para alimentar la movilidad del futuro.

Fuente: El Espectador

 

 

 

 

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